En la ciudad de Ibarra es típico que se cuenten diversas
historias y leyendas que despiertan nuestro interés y amocion al escuchar cada
una de estas maravillosas leyendas
HISTORIA DE LA APARICION DE LA PAILA EN LA LAGUNA
Se cuenta que una tarde, unos jóvenes se bañaban junto a
las orillas, de pronto vieron aparecer una paila junto al Huambo, al observar esto, los
jóvenes fueron a informar a las demás personas y trajeron una soga para poder
sacarla pero todo intento fue inútil ya que la paila bailando se iba alejando
del Huambo hasta llegar al centro de la laguna en donde desapareció.
Algo parecido ocurrió con una persona que se encontraba
junto a las orillas cogiendo vuñiga y que al sentarse a descansar apareció
junto al Huambo una paila. Esta persona rápidamente cogió la soga y lo amarró a
un árbol mientras él iba a traer a otras personas para que le ayudaran a sacar
la paila del Huambo. Al regresar encontraron cortada la soga y la paila
bailando se dirigía al centro de la laguna.
EL ORIGEN DEL LAGO
Según los abuelos que han narrado esta leyenda, la
Cochamama, antes era una hacienda. Una tarde apareció un anciano pidiendo
limosna, al llegar le recibió la empleada, avisó a los dueños; estos
contestaron que no tenían nada y soltaron a los perros
Al ver esta
situación el anciano dijo a la muchacha que si sueltan a los perros y me
atacan, para mañana esta hacienda se
convertiría en laguna por lo que advirtió a la empleada que sacara todas sus
cosas y se salvara. Asombrada por lo ocurrido cogió sus cosas y siguió el
camino que conduce a Cayambe, al otro día la
muchacha regresó para confirmar lo que le había dicho aquel anciano y
así fue el lugar donde se encontraba la hacienda.
Por lo acontecido,
contó a los demás en especial a sus hijos, porque según la leyenda de la
Cochamama fue un castigo de Taita Dios.
TAITA IMBABURA,
ANDARIEGO Y ROMANTICO
Los pocos que han
visto a Taita Manuel Imbabura afirman
que es un
anciano majestuoso, de piel
clara con barba
larga y cabellos
largos. Viste túnica, gorro azul
y, a veces,
luce sombrero blanco y botas
negras. Aparece y desaparece sin previo aviso,
apoyado siempre en
una rama de tocte que
tiene grabados signos
cabalísticos y con la que opera
prodigios
Cuando los tiempos eran tempranos y los soles besaban
amorosamente la tierra, Manuel se enamoró apasionadamente de María Isabel
Cotacachi; amaba en ella su altiva corona de rocas y nieves. Se conocieron
cuando el varonil Manuel cazaba venados. En cierta ocasión los animales se
refugiaron en las nieves de Cotacachi y
fue entonces cuando la vió y se rindió a sus pies. El amor correspondido fue
intenso y volcánico.
Durante el día el
arco iris transportaba sus mensajes románticos y en las noches tormentosas, los
rayos fulgurantes se encargaban de transmitir los ardores amorosos de los dos
colosos. Tuvieron tres hijos, tres
picachos que permanecen junto a la madre, al lado norte de la montaña.
Marido y mujer se visitaban todas las noches.
Otra leyenda de la
cosmología mítica de la zona cuenta que el Taita es poseedor de todo el volcán
que, en sí, es él mismo y que tiene en su interior una hacienda a la que se
llega sólo accidentalmente porque abundantes matorrales ocultan la entrada;
encontrarla es obra de la casualidad o de la voluntad del Taita. Quienes
lo han hecho han descubierto huertas de
nabos, de "orejas de conejo" y extensos trigales bien cuidados. En
este territorio domina el Taita, señor alto, de rostro blanco y ojos azules, se
cubre con poncho, sombrero y botas. No
siempre permanece en el interior del volcán, sale a caminar con frecuencia por
los senderos del monte y, a veces, llega hasta las calles de Otavalo. Entonces
se viste de "natural" y nadie se da cuenta de sus verdaderas
personalidades, pero la mágica presencia no logra pasar desapercibida del todo,
espíritus susceptibles a lo sobrenatural lo distinguen, y cuando ha pasado
comprenden que fue el Taita a quien encontraron y escucharon.
Certifican que fue
él porque va dejando "presentes" muy especiales, ya que cuando se
encuentra en parajes abandonados con muchachas hermosas, las embaraza y los
niños nacen con cabello y pestañas albinas y ojos enrojecidos. Son
"travesuras" del Taita que no logra dominar su enamoradizo corazón.
LEYENDA DEL AYA
HUMA
Cuentan que en los días del Inti Raymi cuando todos
estaban de fiesta, aquella noche de luna, un hombre viudo, triste y
solitario, luego de haber atendido con
comida y chicha a los bailadores que habían llegado a visitarle en su casa,
como es la costumbre, se disponía a dormir. Había empezado a dormitar cuando de
súbito escuchó el clamor del baile en el patio.
Las flautas traversas sonaban con melodías guerreras, el zapateo
enérgico y las voces airadas de animación complementaban el ritmo del baile.
NINA PACCHA, PRINCESA DEL LAGO
"Cuenta
la leyenda que la sequía azotaba a toda la región y, por tanto, había que
sacrificar una doncella para calmar las iras del "Taita" Imbabura.
Una hermosa indígena llamada Nina Paccha (fuente de Luz) fue la elegida, pero
su joven namorado, Guatalquí, no estaba dispuesto a perderla, por lo que
huyeron juntos Rey Loma arriba. El pueblo los siguió, armado de coraje, por
temor a más represalias. Cuando iban a ser alcanzados, el cielo se iluminó y
Nina Paccha desapareció.
El volcán
padre la había convertido en laguna. Surgió, además, un relámpago que fue
directamente donde el joven amante, quién se esfumó y brotó como lechero, para
que sea vigía permanente de su adorada Nina Paccha. Y mientras el pueblo no
salía de su estupor, una fuerte lluvia empezó a caer sobre los campos Sarances.
Así, la
laguna y el lechero, dentro de la teogonía aborigen, se convirtieron en templos
rituales, donde se alzaban plegarias por la siembra, la cosecha y la vida
misma; también por ello, desde épocas remotas, los indígenas cruzaban a nado el
lago como ofrenda sagrada".
HISTORIA DE UN
JOVEN QUE SEGÚN LAS PERSONAS ESTABA COMPACTADO CON LA LAGUNA.
Cuentan que un
joven andaba como loco por todos lados. Un día se introdujo al fondo de la
laguna y no le había pasado nada. Se dice que este joven metía la cabeza a la
laguna y observaba la hacienda que antes
existía allí. Este joven se metía al fondo de la laguna y hablaba con el
dueño para poder sembrar al partir y cultivar trigo. La familia asombrada le
preguntó que a donde llevaba tanto trigo, él les contestó que iba a sembrar en
la hacienda y tomó el camino de Araque. Asombrada, la familia le siguió y
vieron que el joven cargado su quintal de trigo se dirigía a la laguna, entró
en ella y no salió más. Para mayor asombró de la familia, regresó luego de
varios días y al preguntarle que donde venía no pudo contestar nada. Por eso
dicen que aquel joven estaba loco y se supo que murió en Pasto.
LEYENDA
DEL AYA HUMA
Cuentan que en los días del Inti
Raymi cuando todos estaban de fiesta, aquella noche de luna, un hombre viudo,
triste y solitario, luego de haber atendido con comida y chicha a los
bailadores que habían llegado a visitarle en su casa, como es la costumbre, se
disponía a dormir. Había empezado a dormitar cuando de súbito escuchó el clamor
del baile en el patio. Las flautas traversas sonaban con melodías
guerreras, el zapateo enérgico y las voces airadas de animación complementaban
el ritmo del baile.
Creyó
que había llegado otro grupo de bailadores. Se levantó dispuesto a ofrecer
comida y chicha festiva, pero se extrañó porque los danzantes no habían
entrado directamente al interior de la casa sino que estaban bailando solamente
en el patio. Se detuvo antes de salir afuera. Algo anormal estaba sucediendo:
el zapateo de los bailadores hacía temblar el suelo, la música de las flautas
parecía salir de todas partes y las voces de animación del baile se
escuchaban como truenos. Antes de salir al patio miró hacia fuera por una
abertura de la puerta, y contempló que quienes bailaban de esa manera
descomunal eran unos seres de forma humana que tenían dos caras en la
misma cabeza (uno adelante y otro detrás), tenían grandes orejas y narices, sus
cabellos eran muy desorganizados, como si estuvieran "parados".
Algunos tenían en sus manos bastones, otros llevaban consigo churu-s o
ushumpi-s y algunos tocaban la flauta con gran maestría.
Al fijarse
en los pies notó que tenían una especie como de pelaje y los dedos de los pies
estaban detrás y los talones para adelante. La aparición duró pocos instantes,
y con la misma rapidez con que habían llegado desaparecieron dentro del maizal
y al momento todo quedó en silencio como antes. Por las características
de los excepcionales bailadores, y más que todo, porque todos ellos
tenían los talones de los pies para adelante, el hombre comprendió que los que
habían llegado a su casa eran los AYA de los que había oído hablar a sus
mayores. Quedó tan impresionado con la extraña aparición que decidió
confeccionarse una vestimenta igual. Tratando de recordar cada detalle
confeccionó una máscara de doble cara y empezó a bailar como "AYA"
en cada Inti Raymi.
Cuentan que
nunca se agotaba de los incansables bailes de días y noches seguidos, guiaba y
animaba a los demás en todo momento. Nunca sufrió ningún accidente o caída,
nunca fue derrotado en ninguna pelea, era el primero en entrar a la lucha y el
último en correr en caso de que los suyos fueran vencidos. Cuando bailaba
sus pies no tocaban el suelo y muchas veces dormía entre las espinas de los
bordes de los barrancos sin sufrir ningún daño. Acostumbraba bañarse y dormir
en estos días festivos junto a las cascadas, vertientes, lagos y lugares
ceremoniales.
BRUJAS SOBRE IBARRA
Más arriba, aún,
el parque de Ibarra era un minúsculo tablero de ajedrez sin alfiles, donde
destacaba el añoso Ceibo, plantado tras el terremoto del siglo XIX y que –según
decían- sus ramas habían caminado una cuadra entera. La noche caía plácida
sobre las enredaderas y la luna parecía indolente a las sombras que pasaban,
pero que no podían ser reflejadas en las piedras. ¿Quiénes miraban a Ibarra
dormida? ¿Quiénes tenían el privilegio de contemplar sus paredes blanquísimas
engalanadas con los fulgores de la luna? ¿Quiénes pasaban en un vuelo rasante
como si fueran aves nocturnas? ¿Quiénes se sentaban cerca de las campanas de la
Catedral a mirar los tejuelos verdes y las copas de los árboles?
Todas noticias importantísimas que –de no ser por las
voladoras- hubieran llegado desgastadas. Pero, a diferencia de lo que se cree
de las brujas, que van en escoba, llevaban un traje negro y tienen la nariz
puntiaguda, las del sector norteño ecuatoriano poseían trajes blanquísimos y
tan almidonados que eran tiesos. Por eso cuando las voladoras pasaban los
pliegues de sus vestidos sonaban mientras cortaban el viento. Algunos las
tenían localizadas. Por eso cuando pasaban por encima de las casas, existían
los atrevidos que se acostaban en cruz y con esta fórmula las brujas caían al
suelo.
Otros, en cambio, preferían decirles que al otro día
vayan por sal y de esta manera conocían su identidad. Pero las voladoras de
Mira también tenían sus hechizos. Quienes se burlaban de las brujas terminaban
convertidos en mulas o gallos. Y eso, al parecer, le sucedió a Rafael Miranda,
un conocido galeno de Ibarra, de inicios de siglo. Cuentan los abuelos que el
doctor Miranda desapareció un día sin dejar rastro. Sus amigos lo buscaron por
todos lados infructuosamente. Sus familiares estaban desesperados. El tiempo
pasó. Una tarde, un conocido del doctor Miranda recorría unas huertas por Mira
y miró a un hombre desaliñado con un azadón. Creyó reconocerlo.
Al acercarse comprobó con estupor que se trataba del
famoso doctor Miranda. Lo sacó del lugar y tras curaciones prodigiosas el
galeno volvió a su estado normal y nunca más se sintió gallo. Otra historia, en
cambio, sirvió para que Juan José Mejía, el popular y primer sacamuelas de
Carchi e Imbabura, justificara una parranda de tres días. Cuando le preguntaron
porque no había llegado a la casa contestó sin inmutarse: “Estuve en Mira
amarrado a la pata de una cama, convertido en gallo y recién me escapo de las
brujas”. Claro que estuvo en Mira y, acaso, le brindaron –como a muchos- el
famoso tardón, que es una bebida que basta un solo trago para que el confiado
visitante termine por los suelos, en un remolino de carcajadas.
Por eso los políticos de turno o las autoridades, que
siempre ofrecen solucionar todos los problemas, se dan cuenta de los fatídicos
brebajes demasiado tarde: quedan arrumados en las sillas de madera, con un olor
imperceptible a aguardiente, que es uno de los ingredientes del tardón,
elaborado de papa y de secretísimos compuestos que ha sido imposible develar.
Cuando alguna autoridad trataba de levantarse caía en cuenta que sus honorables
posaderas estaban como pegadas a la silla. ¿Cuáles eran las palabras mágicas
para volar? De boca en boca ha llegado hasta estos días lo que decían las
brujas ecuatorianas: “De villa en villa y de viga en viga, sin Dios ni Santa
María” y tras pronunciar este conjuro levantaban vuelo.
Y hasta había quienes intentaron realizar una aventura
aérea. Cuentan que un mireño insistió a una maga para que le iniciara en su
arte. Tras las súplicas decidió confiarle el secreto. Lo primero que le indicó
es que tenía que utilizar uno de sus trajes níveos. Aguardaron la noche y
subieron a la chimenea de un horno... -Tienes que repetir esta fórmula, le dijo
la encantadora. Tras decir “de villa en villa, de viga en viga, sin Dios ni
Santa María”, extendió sus brazos y salió disparada por el cielo. Nuestro
personaje se emocionó, pero al repetir el conjuro lo hizo de esta manera: “de
villa en villa, de viga en viga, con Dios y Santa María”.
Dicho esto, desplomóse cuan largo era en el patio de la
casa, en medio de los ladridos de los perros y de los vecinos que lo
encontraron magullado y vestido de traje blanco, con cintas y encajes. Aunque
pidió discreción, al otro día toda Mira conoció esta historia y su único
argumento fue se enredó en la vestimenta. Obviamente, no pudo aclarar qué hacía
subido en la chimenea y con un vestido de dama. Hay quienes dicen que las
brujas aún pasan por los tejados de Ibarra. Es posible. Mas, nunca se han
caracterizado –como lo eran acusadas en la Inquisición Española- de artilugios
malévolos.
Su único delito, podría decirse, es volar para conocer
tierras lejanas o para visitar a algún amante venturoso que abre su puerta
antes que la maga tope el suelo. Hay quienes dicen haberlas visto reunidas
practicando iniciaciones antiquísimas, en medio de un prado. Con suerte, si
levantamos a mirar el cielo en una noche de luna es posible que localicemos a
una bruja que regresa del sur y pasa por encima del pequeño Ceibo, del parque
Pedro Moncayo, que ha empezado a brotar sus hojas.
El hecho
folklórico es dinámico y anónimo, un patrimonio colectivo tradicional que se
transmite de generación a generación; el
folklore es del pueblo y para el pueblo.
Toda la provincia de Imbabura y especialmente Otavalo es
un núcleo enriquecido por múltiples hechos folklóricos; por donde se observe y
escuche se encuentran demostraciones de la más variada índole folklórica,
algunas pocas han sido recogidas para conocer un fenómeno social interesante,
aleccionador e indispensable para el desarrollo comunitario del pueblo.
COPLAS TRADICIONALES
En Imbabura ,
antiguamente nuestros mayores cantaban o recitaban en actos sociales
particulares o públicos , hermosas coplas que demostraban admiración , armonía
, métrica , chiste o una vida real en
sentido figurado
1
Cuando yo era pequeñito
No sabia que es amor,
Ahora que soy grandecito ,
Misericordia Señor .
2
De esta calle para arriba ,
Todos lavan con jabón
Adelante buena cara
Y atrás la murmuración .
3
Quisiera yo por ventura
La ciencia de Salomón,
para entregarte mi vida
y robarte el corazón
4
En el patio de mi casa
Se ha formado una laguna,
Donde lloran los casados
Sin esperanza ninguna.
5
A donde cansados
pies
llevas tu cuerpo
rendido
Alguna prisión
talves
o a la tierra del
olvido
6
mamita tan celosa ,
taitico para aguantar
no se cual de los dos dechados
debería de imitar
7
Tú dices que no ye quiero
porque soy de sangre baja ,
si quieres querer a reyes
cuatro tiene la baraja.
REFERENCIAS:
leyendas
http://www.otavalovirtual.com/ciudad/leyendas.htm
Coplas
-Libros de la provincia de Imbabura
REFERENCIAS:
leyendas
http://www.otavalovirtual.com/ciudad/leyendas.htm
Coplas
-Libros de la provincia de Imbabura
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